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Nutrición 7 min de lectura

Desnutrición en adultos mayores: señales que la familia suele ignorar

La desnutrición en adultos mayores es silenciosa y frecuente. Conoce las señales tempranas, por qué ocurre y cómo un cuidado especializado en Aguascalientes puede revertirla.

Cuando pensamos en desnutrición, la mayoría imagina pobreza extrema o hambruna. Pero la desnutrición en adultos mayores ocurre todos los días en hogares de clase media, en personas con pensión, con refrigerador lleno y familia presente. No es falta de comida: es una combinación de factores que hace que el cuerpo no reciba o no absorba los nutrientes que necesita.

La Organización Mundial de la Salud estima que entre el 15 y el 38 por ciento de los adultos mayores hospitalizados tienen desnutrición al ingreso. En la comunidad, las cifras dependen de la población estudiada, pero en adultos mayores frágiles o con enfermedades crónicas, la prevalencia puede superar el 20 por ciento.

Esta guía explica por qué ocurre la desnutrición en adultos mayores, cómo reconocerla antes de que sea grave, y qué papel juega el entorno de cuidado en prevenirla o revertirla.


Por qué los adultos mayores se desnutren aunque “coman”

El envejecimiento genera cambios fisiológicos que hacen más difícil mantener un estado nutricional adecuado, incluso cuando la persona come con regularidad:

Disminución del apetito (anorexia del envejecimiento). Con la edad, los mecanismos de hambre se vuelven menos intensos. La sensación de saciedad llega antes. Muchos adultos mayores comen menos sin darse cuenta, y sin sentir hambre, es difícil comer lo suficiente.

Cambios en el gusto y el olfato. La pérdida de sensibilidad en el gusto y el olfato hace que la comida “sepa a nada”, lo que reduce el disfrute de comer y, con él, la cantidad consumida.

Dificultades para masticar o tragar. Problemas dentales, dentaduras mal ajustadas o disfagia (dificultad para tragar) limitan qué y cuánto puede comer un adulto mayor. La disfagia en particular es frecuente en personas con antecedente de infarto cerebral o con Parkinson avanzado.

Absorción intestinal reducida. El envejecimiento afecta la capacidad del intestino para absorber ciertos nutrientes, especialmente vitaminas y minerales como B12, D, calcio y zinc.

Medicamentos. Muchos medicamentos comunes en adultos mayores afectan el apetito, el gusto o la absorción de nutrientes. Los diuréticos aumentan la pérdida de electrolitos. Algunos antibióticos alteran la flora intestinal. Ciertos medicamentos para el Parkinson interactúan con las proteínas de la dieta.

Factores sociales y emocionales. Comer solo es uno de los factores más potentes de reducción del consumo de alimentos en adultos mayores. La depresión elimina el apetito. La dificultad para cocinar —por artritis, debilidad, o miedo a accidentes en la cocina— lleva a comer menos variado o menos frecuente.


Las señales tempranas que la familia suele ignorar

El problema con la desnutrición en adultos mayores es que sus señales tempranas son inespecíficas y se atribuyen fácilmente al “envejecimiento normal”:

Pérdida de peso no intencional. Una pérdida del 5 por ciento del peso en un mes, o del 10 por ciento en seis meses, es clínicamente significativa en un adulto mayor. Muchas familias no lo notan porque no pesan a su familiar con regularidad, o porque los cambios son graduales.

Ropa que queda grande. A veces la señal más práctica es que la ropa que usaba hace un año ya le queda holgada sin haberse propuesto bajar de peso.

Fatiga o debilidad muscular. La pérdida de masa muscular (sarcopenia) es frecuentemente consecuencia de desnutrición proteica. Se manifiesta como dificultad para levantarse de una silla, caminar más lento, cargar cosas que antes cargaba sin problema.

Heridas que no cierran o infecciones frecuentes. La cicatrización y la inmunidad dependen en parte del estado nutricional. Un adulto mayor con desnutrición tiene más infecciones, peor recuperación tras enfermedades, y heridas que tardan más en sanar.

Edema (retención de líquidos). La hipoalbuminemia —niveles bajos de proteínas en sangre por desnutrición— puede causar acumulación de líquido en las piernas o el abdomen que parece inflamación pero en realidad refleja mal estado nutricional.

Confusión o irritabilidad nuevas. Las deficiencias de vitamina B12, ácido fólico o vitamina D pueden causar cambios cognitivos y de ánimo que se confunden con demencia o depresión.


El error más común: suplementar sin evaluar

Cuando una familia nota que su familiar come poco, la respuesta más frecuente es comprar suplementos nutricionales de farmacia o agregar vitaminas por cuenta propia. Esto no es necesariamente malo, pero tampoco resuelve el problema de fondo.

La desnutrición en adultos mayores necesita una evaluación nutricional formal para identificar qué déficits específicos existen, cuál es la causa subyacente (disfagia, depresión, medicamento, problema dental, falta de apetito), y cuál es la intervención adecuada para esa persona en particular.

Suplementar sin evaluar puede dar una falsa sensación de seguridad mientras el estado nutricional sigue deteriorándose.


Cómo previene y maneja la desnutrición un entorno de cuidado especializado

En una estancia geriátrica en Aguascalientes con protocolo nutricional estructurado, la desnutrición se aborda de forma sistemática:

Evaluación nutricional al ingreso. Herramientas como el Mini Nutritional Assessment (MNA) permiten identificar al adulto mayor en riesgo nutricional antes de que la desnutrición sea evidente.

Menús adaptados al perfil médico. Dietas blandas o modificadas en textura para personas con disfagia, dietas con control de carbohidratos para diabéticos, dietas hiposódicas para hipertensos, con un contenido proteico y calórico calculado para el peso y la actividad del residente.

Monitoreo del peso y la ingesta. Pesar al residente periódicamente y observar qué y cuánto come en cada comida permite detectar cambios antes de que se conviertan en crisis.

Ambiente social de la comida. Comer en compañía aumenta el consumo de alimentos en adultos mayores. La mesa compartida, los horarios regulares y el ambiente tranquilo son partes del tratamiento nutricional, no solo de la hospitalidad.

Coordinación con el médico para ajuste de medicamentos. Si un medicamento está afectando el apetito o la absorción, el médico de la estancia puede evaluar si hay alternativas.

Si tu familiar ha perdido peso sin causa clara, come poco o tiene dificultades para masticar y tragar, y estás evaluando opciones de cuidado en Aguascalientes, en Villas Legado Juan Pablo II podemos orientarte sobre cómo manejamos el estado nutricional de nuestros residentes.


Fuentes

  1. Volkert D, et al. “ESPEN guideline on clinical nutrition and hydration in geriatrics.” Clinical Nutrition. 2019;38(1):10-47.
  2. Guigoz Y, Vellas B. “The Mini Nutritional Assessment (MNA) for grading the nutritional state of elderly patients.” Nutrition in Clinical Practice. 1999;14(suppl 1):S82-S87.
  3. Instituto Nacional de Geriatría. “Guías de práctica clínica en gerontología y geriatría.” México, 2022.

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